
Y yo me pregunto: ¿por qué la gente no se ocupa de su vida y deja de meter las narices en las vidas ajenas?.
Llevo unos días en los que indirectamente me están atacando, simplemente por no ceder a la presión de las reglas, a la hipocresía social y a la imposición del "hay que hacerlo porque la gente de bien lo hace".
A la gente le gusta manipular la vida de otros, y cuando no pueden hacerlo, intentan poner en contra a todo su entorno. Cuando lo han conseguido, no contentos con ello, siguen "tocando las pelotas", porque no han logrado doblegar a su objetivo.
Y al final, lo único que consiguen es crear en sí mismos un resentimiento tan profundo, que hará que continúen haciendo daño a su objetivo durante años. Pero si el objetivo es fuerte -como en este caso- los acosadores acaban viviendo con tal inquietud, resentimiento y envidias, que se les pasa la vida amargamente. Incluso lo transmiten a su inmediata generación.
Bueno, yo sé de lo que hablo. Este escrito no es más que un desahogo, pero contiene el deseo destinado a aquellas personas en las que estoy pensando -y que nunca leeran este blog, pues ya me cuidé muy mucho de que no lo conozcan- , como dicen los gitanos: ¡mal faria les caiga! (o álgo así).
Besos y mis mejores deseos para la gente güena. Para los demás: como si les cae un ladrillo encima.
