
Hoy me acordé de la señora Aurelia.
Vivía en la misma calle de mi abuela. La recuerdo como una señora entrañable que nos saludaba siempre que estaba sentada a la puerta de su casa, cuando íbamos con mi madre hacia casa de la abuela.
Pero sobretodo me acuerdo de esas ventosas que le ponía a mi padre en la espalda cuando tenía dolores.
La señora Aurelia era curandera.
También me acuerdo de la señora Asun, que tenía un patio con una gran higuera, y siempre nos daba higos. Hace poco la volví a ver, y sigue tal y como la recordaba: con su pelo blanco y con la amabilidad y cercanía que la caracterizaban. Y recuerdo a su yerno, al que le faltaba medio brazo porque, según decían, le había estallado un cohete en la mano. Era repartidor de bollería y siempre nos traía cromos de los pastelitos.
Me acuerdo de esa calle donde jugábamos. Entonces no había apenas coches y los chavales hacíamos carreras con las bicis, jugábamos a "bote", al escondite... y la calle era prácticamente nuestra. Aún me acuerdo de la gravilla tan peculiar que tenía, y de las heridas que nos hacíamos con las caídas.
La puerta de la abuela estaba siempre abierta. Entre juegos y carreras entrábamos a beber agua (chupando directamente del grifo) , y las meriendas eran bocadillos de chorizo de cantimpalo, de mortadela de aceituna, o para los más afortunados y sólo de vez en cuando, de Tulicrem. -La nocilla era impensable,todo un lujo, aunque siempre había algún snob que, para envidia nuestra, mostraba flamante su bocata de nocilla-
Las chucherías no existían, salvo los domingos con la propina. De hecho, no se nos ocurría pedir nada, a pesar de que pasábamos todos los días por el kiosko de "la Maribel". Eso sí, cuando mi madre compraba el "Pronto", a lo mejor nos caía un chicle Cheiwn de fresa ácida, y tan felices.
Recuerdo que a mi hermano le rompieron las gafas jugando y algún cristal le entró en el ojo. Recuerdo que había un señor que siempre nos echaba la bronca por utilizar su trasera como portería. Recuerdo cómo nos metíamos en los charcos cuando había llovido y cómo mi madre acabó por comprarnos unas botas de agua. Recuerdo que a mi hermana se le rompió una pierna en una caída, la llevaron donde la señora Aurelia, y finalmente acabó escayolada en urgencias...
Hoy me acordé de la señora Aurelia.